Darío arrolla a Larrazabal y jugará la final Manomanista

Exhibición del pelotari riojano de principio a fin, que vence por 22-8 y disputará su primera final Manomanista en el Navarra Arena.
Domingo 17 de mayo de 2026. Sobre las 18.20 horas de la tarde. En la capital riojana, Logroño, dará comienzo toda una semifinal del campeonato profesional del torneo manomanista. Dario Gómez (colorao) e Iker Larrazabal (azul) la disputarán.
En el frontón Javier Adarraga, de nuevo, grandes partidos vuelven a anunciarse en sus carteles. Y ya iba siendo hora. Tras demasiado tiempo en el olvido, después del silencio, las gradas están tornando en sonido. Un sonido especial. El barullo ya se hace notar en los aledaños y el ambiente es ensordecedor en el interior. Por las calles riojanas, poquito a poco, se vuelven a escuchar conversaciones sobre pelota y pelotaris.
En el bar, en el mercado, comprando el pan: conversaciones de mayores y no tan mayores, en los más jóvenes quiere parecer que empieza a calar lo que significa un frontón y lo que se siente en él, el gusanillo por lo propio, por lo autóctono, por la pertenencia a unas raíces y la belleza de lo profundo, lo ancestral, lo más cercano y lo inmaterial. El deporte más simple pero el más bonito. Volver al lugar donde tu abuelo fue feliz, volver a un frontón. El arraigo a una tierra. Que no nos lo quiten nunca.
Ha estado herida la pelota por tierras riojanas, olvidada, apartada y silenciada. Pero ya no. Queda mucho por hacer, trabajo con escuelas, más ayudas, expansión y promoción, pero en ese camino se está de nuevo.
Tiene que ver con este auge, la camada de pelotaris riojanos que ahora ocupan portadas, las escuelas de pelota, que trabajan de forma impagable por los chicos de sus pueblos, por lo más pequeños y por el futuro, donde está la base de todo. También, la importante apuesta del gobierno regional, que junto con las empresas promotoras observaron, estudiaron y decidieron el regreso de la pelota mano profesional. Y por supuesto, la afición, que ha abarrotado en cada partido anunciado las gradas de los frontones afortunados. El ambiente vivido cada tarde en el recinto logroñés -por poner el más claro de los ejemplos- durante el pasado campeonato de parejas fue espectacular y digno de reconocimiento.
Y hoy, no iba a ser de otro modo. Ante una emocionante semifinal donde Darío y Larrazabal se jugaban un puesto en la final de, ni más ni menos, el campeonato manomanista de pelota profesional de primera categoría (la champions), el
aspecto del graderío iba a ser inmejorable. En busca del mejor pelotari, el más completo: una oportunidad única para ambos hasta ahora (llegar a la final). Darío, con la fuerza de toda una región tras él empujándolo, jugando en casa. Larrazabal quitándose de encima el favoritismo y la presión, aunque disputando sus segundas semis consecutivas. Para el riojano, en cambio, ésta es la tercera ocasión en disputar esta ronda, habiendo quedado apeado en los años 2020 y 2023. En la finalísima ya espera un Iñaki Artola que ayer sorprendió al favorito en las apuestas, Unai Laso.
Amurrio o Ezcaray, Baiko o Aspe, Álava o La Rioja
Todo dispuesto para lo que se preveía, una disputa colosal: botilleros en sus asientos, fajines bien ceñidos, mentes concentradas y cuerpos preparados.
La diosa fortuna quiso que el encargado del primer saque fuera el foráneo, mientras las animosas gradas entraban en ebullición y los ánimos hacían ensordecer a los presentes. Que precioso ambiente, que maravilla ver el frontón así, numerosas banderas con los colores de la bandera de la tierra del vino, pancartas en apoyo al contendiente local, gritos de ánimo, aplausos y caras rebosantes de ilusión dibujaban un paisaje para ser recordado.
Inicio dominador de Darío
Como buen partido a cara o cruz, la tensión en los protagonistas se notó en los primeros compases del mismo, sucedieron tres tantos de volteo en el marcador, donde nadie emergía como claro dominador. El 0-1 favorable al pelaire fue una gran defensa del propio que terminó con un fuerte pelotazo en pared que no pudo defender el contrario. En los dos siguientes, poniéndose por delante el amurriano, éste hizo gala del delantero que es, acabando con un gancho y una bonita bajada el siguiente (2-1). Los aficionados querían llevar en volandas al pelotari de la tierra y entonces, pasando a dominar y castigando con tremendos pelotazos obligó el falló del de azul en el ancho. (2-2).
Sacó su pelota el de colorao y a partir de aquí, ahora ya sí, el partido cambió el rumbo en dirección favorable hacia el único superviviente de Aspe en las semifinales. El viento de cola lo soplaban los animosos pelotazales y ante un ritmo apabullante que impuso el riojano, poco pudo hacer más Iker Larrazabal. En parte sí y en parte no.
En su debe está algún que otro error que no debió cometer y que seguro mejorará en el futuro. Consiguió hacer una tacada importante hasta el 2-11 demostrando todas sus cualidades el pelotari de Ezcaray, tanto de cabeza como de manos y piernas, concentrado en su juego y en tomar la mejor de las decisiones en cada golpeo. Lo abultado en el marcador en este tramo no quiere decir que fuera tan fácil como puede parecer, ya que se sucedieron puntos largos donde al final se llegaba a base de castigar y obligar el desacierto rival, el riojano movió muy bien al vitoriano por toda la pista, forzándole a jugar, siempre que podía, con los pies en movimiento.
Apenas hubo tantos que terminaran con una belleza sublime, propiciado en parte por el tipo de material (pelotas) que presentaron las empresas y los protagonistas. Andaban mucho y salían del frontis con más velocidad y potencia de lo que hasta ahora habíamos visto en el campeonato. Y el juego lo notó, resultando en buena medida diferente a lo visto a esta ronda, demandando a ambos a que jugaran en cuadros más traseros. De ello se podían aprovechar los dos, buenos pegadores, pero quién más disfrutó del brillo del material fue un portentoso Darío.
La clave perfectamente pudo estar la consistencia de uno y otro, al de Ezcaray apenas le contabilizamos fallos, al contrario que a su oponente. Durante todo el partido, el de Aspe arrimó mucho, le pegó una barbaridad, dominó con el saque, disfrutó con dejadas al choco, efectuó algún que otro dos paredes, defendió con ahínco cuando le tocó hacerlo, pero por encima de todo, no erró prácticamente en nada.
Por ejemplo, tanto el 2-10 como el 2-11, fueron puntos muy igualados: en el primero defendió lo imposible el de colorao ante los buenos ataques enemigos y su fe y su convicción le hicieron llevárselo; en el siguiente, dejada a la que llega el de Baiko e intento de conseguir el punto con una contradejada de éste, a la que casi por los suelos contesta aquel con un dos paredes y levanta a la afición de sus asientos en un sonoro estruendo.
Al primer descanso reglamentario se llega con un pequeño intercambio de golpes. 3-12. Las sensaciones eran bastantes negativas en el bando azul, sus gestos, su expresión corporal y la mirada perdida no eran un buen motivo para creer, lógico en parte, ante el dominio soportado. Es sabido que en este tipo de diciplinas, donde la parte mental tiene tanto peso, la confianza en uno mismo, las buenas dinámicas y sensaciones, resultan claves; pero también lo es el saber afrontar y superar momentos difíciles.
El saque otorga, a priori, una ventaja suficiente como para poder llevar la iniciativa y con él se suelen suceder rachas de tantos a favor. Quien no tiene esta prerrogativa estará defendiendo habitualmente, encontrándose dominado. Esta situación puede durar un solo tanto, o veintidós, no lo sabes, todavía no podemos predecir el futuro. Un buen diálogo interior que cada uno pueda tener en los momentos o rachas complicadas y la actitud propia con la que te enfrentas al siguiente de los puntos a competir, resulta ser, imprescindible.
Más de lo mismo a la vuelta de vestuarios. Se sucedieron fallos de un lado y aciertos de otro. (3-15).
Tímida reacción de Larrazabal
Un halo de esperanza alavesa se dió en el Adarraga. Larrazabal no dejó de intentarlo y en una de éstas consiguió ejecutar una potente volea de izquierda que el contrario
no pudo levantar. En ese momento y con tres tantos más, de saque todos ellos, quiso reaccionar y apretar en el luminoso. (7-15). Poderosísimo saque.
Pero a la que consiguió restar Darío uno de los endiablados saques e igualar el ritmo en el tanto, volvió a hacer el tanto largo y terminó el amago de rebeldía vitoriana. (7-16).
Darío termina como empezó, dominando
Hasta el final no los materializó el de Ezcaray todos seguidos pero sí que el dominio siguió siendo abrumador (Larrazabal consiguió el 8-21 tras una buena pelota arrimada en la pared). Su hermano y botillero todavía le exigía aún más, más altura en sus golpeos, más velocidad en todas sus acciones. No querían que se escapara el sueño. Pese el abrumador dominio impuesto, Iker aún sumó un tanto más, pero nada impidió que se llegara al cartón 22 rojo y a la tremenda euforia de la mayor parte de la afición reunida. Los tantos fueron sumándose con la misma tónica de todo el choque, dominio, pegada sin fallos, arrimar y exigir siempre al oponente hasta el error. Por tanto, los números terminaron de contar en el 8-22.
Darío Gómez entonces sonrió y se dio cuenta de lo que había conseguido, de lo que significa para él, para su gente, para su pueblo y para La Rioja entera. Entonces sonrió, levantó la mirada, vio a todo un Adarraga rendido, se acordó del camino andado, de los golpes sufridos, de quienes estuvieron siempre. Elevó la mirada y entonces sonrió, sonrió y respiró, y no pudo quitar esa sonrisa de su cara, casi con cierto pudor. Y el frontón entero sonrió con él, pura emoción.
“Lo que vendrá, ya es un premio, objetivo más que cumplido.” Dijo ante cámaras.
Una pena para Iker Larrazabal, seguramente le salió el partido que menos quería que le saliera. Su rostro, un poema todo el tiempo, apenas dominó y gozó con pelota, ni mucho menos disfrutar, nada funcionó, quería pero no pudo. Quizá la experiencia jugó un papel importante, pero a su favor tiene que pese a su tremenda juventud, ya ha jugado dos semifinales en el mano a mano, lo que dice bastante de su tremendo potencial y juego, y por consiguiente, seguro que tendrá muchísimas más oportunidades. Ánimo y a seguir.
La Rioja anhela pelota y tras 72 años de espera (Barberito fue el último en conseguirlo), esta comunidad volverá a tener un representante en una final del campeonato manomanista de pelota profesional. Darío jugará su primer partido en el Navarra Arena en la final del día 31 de mayo y empujándolo estará, seguro, toda la afición riojana. Pese a que el deporte no entienda de merecimientos, se lo merecía.
Ha costado, pero por fin ha llegado.
Pelayo Eguizábal
