La pareja favorita cumple con los pronósticos

Hay partidos que se decantan por puntos que resultan ser claves en el devenir del mismo, y hay otros cuyo resultado final viene determinado por inercias. Insistir, repetir y volver a insistir.

No resultó la final más bonita ni espectacular, muy pocas suelen serlo. La tensión que se genera alrededor de la última de las batallas, el miedo a perder y el seguir con los planes de partido suelen predominar.

Y es precisamente lo que se vio en el Navarra Arena en la final del campeonato de parejas 25-26. Con un ambiente increíble en las gradas, como claros favoritos (liguilla de semifinales a parte) llegaban los pelotaris que forman la dupla de Baiko, hoy de azul. Y más todavía, según anticipaban los entendidos, por el escenario en el que se jugaba, pues el frontón del espectacular coloso pamplonés resulta favorecer a los pelotaris más pegadores.

El campeonato de las parejas finalistas se resume rápido, aunque el formato del mismo, por extensión en el tiempo, sea todo lo contrario.

Laso-Albisu, pareja a la que ya en su presentación se denominó como el “parejón”. Si ambos eran capaces de demostrar todo su potencial de juego, los análisis ya les colocaban como serios candidatos al triunfo final. La única duda venía del estado físico y de juego que pudiera ofrecer el delantero bizkarreta, pues su grave lesión de rodilla le tuvo un largo período de tiempo alejado de las canchas.

Resuelta esta incógnita en las primeras jornadas, en cada frontón que eran anunciados, salían como favoritos, y así lo terminaban certificando cada día al llegar al cartón 22.

Formidable ha sido el campeonato de ambos. Unai Laso volviendo por donde se fue, demostrando su carácter de competidor nato y desplegando las grandísimas condiciones de pelotari que posee. Albisu mostrando, esta vez acompañado acordemente, todo su juego y potencial. Campeonato impecable el de los dos y merecidos campeones.

En un torneo en el que se premia la regularidad, la suya ha sido abrumadora, y el dominio absoluto. Salvo en las semifinales, que estando contra las cuerdas en el Adarraga -tras la derrota ante sus rivales en la final- por tan solo un tanto no quedaron apeados de una finalísima que bien se habían ganado y se salvaron de lo

que hubiera sido un durísimo golpe para ellos, pero así es el deporte y la pelota. Pequeños detalles que marcan diferencias.

En cambio, el experimento -como así se denominó- impulsado por la promotora eibarresa, de colocar a dos figuras de los cuadros delanteros, como Altuna y Ezkurdia formando tándem, resultó ser, valga la redundancia, un experimento, con sus idas y venidas. Durante el curso, el binomio de Aspe pasó por más dudas que certezas, solventó no pocos baches en el camino y atravesaron bastantes momentos de incertidumbre. Alcanzar las semifinales les quitó un gran peso de encima y un punto de presión extra que, seguramente, ellos mismos se autoimponían. Ya en la fase previa a la final, con más que ganar que perder y disfrutando en los frontones, pudieron demostrar su grandísimo nivel, condiciones y la voracidad de unos figuras (como lo que son) desatados.

Pero en los momentos de oscuridad y zozobra son donde sobresalen los verdaderos campeones; se hayan calado o no la txapela es de alabar la capacidad de trabajo, de sufrimiento…de insistir y seguir confiando en uno mismo y en el compañero que han demostrado en este largo torneo. Por supuesto también, gracias al tremendo talento que ambos atesoran.

Si existen dos pelotaris que, ocupando la misma posición, se pueden acoplar de esa forma y ser capaces de amoldar su juego para con el otro, de resurgir de importantes rachas negativas y dar tal nivel como para llegar a una final, esos son, sin duda ninguna, nadie más que Jokin Altuna y Joseba Ezkurdia. Ningún otro.

Si a los campeones el domingo les colocaron la merecida txapela, ante estos dos, habría que quitársela. Han demostrado, una vez más, toda la pelota que tienen en sus manos.

Y al fin, 29 de marzo, Pamplona y un “Navarra Arena” colosal y hasta la bandera, para poner el punto final a esta larga carrera de fondo.

El recinto navarro, que no presumirá de tener un clásico ambiente pelotazale, sin embargo, dota de una espectacularidad y grandiosidad preciosa al momento culmen de la temporada.

Todos teníamos ganas de que echara a andar la batalla por el título, incluidos los cuatro estiletes que conformaron el habitual preámbulo. (Podrían pensar en darle una vuelta a este insípido partido previo y ofrecer algún otro aliciente, más teniendo en cuenta el precio medio de las entradas y con un campeonato oficial ya en marcha). Dominó el trámite de principio a fin Peio Etxeberria, incluso pareciera, contemporizando el tiempo para que el respetable fuera poco a poco tomando asiento, hasta que el propio delantero quiso poner el broche.

Y llegamos a lo verdaderamente esperado, presentación de los cuatro contendientes por todo lo alto, luces apagadas, focos alumbrando exclusivamente a los protagonistas y todos los presentes puestos en pie para recibirles. Falta tiene la pelota de ir dando pasos en potenciar estas facetas e ir renovándose o modernizándose, porque puede y porque se lo puede permitir ahora. Ojalá que no se llegue tarde.

Presentaciones hechas, pequeño calentamiento para no perder la temperatura conseguida y el habitual sorteo con el sutil sonido de la chapa bicolor volteándose en el suelo en busca del primer sacador. En los rostros de los cuatro se podía observar la tensión y concentración propias de lo que estaba en juego.

Qué primer tanto amigos. Se respiró durante el mismo una tensión que acongojaba incluso. Tanto los de Baiko como los de Aspe, sabían a lo que tenían que jugar y tanto unos como otros, sabían de sobra cómo iban a jugar los contrarios. Nadie trató de improvisar, siendo fieles seguidores del libreto sobre la táctica a seguir. Miedo a fallar y arriesgando lo mínimo, cargando ambas duplas el juego a los cuadros traseros. Fiel reflejo de lo que iba a ser todo el partido. Uno podía pensar que resultaba imposible que pudieran mantener tal ritmo de juego a lo largo de todo el choque. Hasta el último de los empates en el tanteador, el 9-9, la tensión y la igualdad imperó sobre la cancha. Jugando de poder a poder, azules insistiendo, coloraos defendiendo todo lo que podían, en definitiva en el juego de todos imperaba no salirse del plan de partido.

El de Arbizu conocía todo lo que iban a intentar castigarle y cómo debía contrarrestar. Su mérito es enorme y espléndido. El juego a bote desde les cuadros traseros le cuesta, normal, no es su posición natural y no se encuentra cómodo ejecutándolo. Pero su juego de aire…ay, menuda clase magistral, qué manera de volear con tanta potencia desde los números intermedios, con derecha y con izquierda, a la mínima que no le ponían en dificultades él conseguía entrar con fuerza, darle potencia y cambiar el ritmo del tanto.

Y qué defensa, ¡cómo se puede aguantar tanto, tantísimo de volea izquierda! aquellas pelotas que bajaban pegaditas a pared eran un infierno para devolver, formidable. Tantos consiguieron ahí la pareja azul, era el punto débil que buscar, pero demasiado defendió el hoy zaguero de Aspe.

No fue la final más brillante de los delanteros. El amezquetarra, voluntarioso en ayudar en todo lo que podía a su compañero, le faltó la chispa y la magia a la que nos tiene acostumbrados, quizá sobre todo, por poner demasiado foco en la ayuda o porque simplemente hay días que no todo sale como uno desea. Una pena la chapa que dio con todo a favor en aquella paradita al choco. Altuna también es humano. Con un poquito más de colmillo, es posible que los contrarios hubieran dudado, aunque fuera un poco, y haber visto así aumentadas sus opciones de

victoria. Aún así, es también muy digno de agradecer y ensalzar cómo la máxima estrella del mundo de la pelota ha sabido enfundarse el mono de trabajo durante todo el curso, poner por encima de todo lo demás el bien de la pareja y hacer de ésta, una dupla, por qué no decirlo, que se recordará durante mucho tiempo. Meritazo enorme de los dos.

Tampoco fue la mejor final de Unai Laso, pero aún con ello, por lo conseguido este domingo pasado, le hace entrar en el olimpo de este deporte; consiguió la triple corona, sentándose ya sí en la mesa junto a nombres muy ilustres. Seguramente lo que le dio la txapela fue lo que le hizo no brillar, no salirse del guion, no dejarse enredar en los cuadros alegres y entendiendo a la perfección que no debía ser el protagonista si querían salir victoriosos. Esta cualidad define también a los grandes campeones.

Y dejamos para el último al mejor pelotari de la final. Jon Ander Albisu decantó con su tremendo poderío una disputa que estaba siendo muy igualada en los compases iniciales. Todavía sin coronar, decían que la pelota le iba debiendo una txapela. Toda una carrera profesional entre los zagueros más completos, habiendo dado la cara por sus compañeros en momentos delicados, logró al fin, a sus 35 años, alzar los brazos como campeón profesional en primera categoría.

La lección con la que nos deleitó fue estratosférica. Sin apenas fallos, cumplió holgadamente con el objetivo de abrasar y casi martirizar al bueno de Joseba. Apenas estuvo exigido, cierto, pero cuando lo estuvo defendió con todo lo que tenía, como nos tiene acostumbrados, llegando a un par de dejadas en el txoco que costó creer. Con un físico prácticamente esculpido por los dioses para ser zaguero de pelota mano, exhibió las dos grandísimas manos que posee, toda su potencia pegadora y la calidad para poner la bola en el punto exacto donde pasar al delantero y hacer sufrir al zaguero. ¡Y qué brazos! Madre mía qué brazos… como dos aspas de aquellos molinos a los que veía Don Quijote, cada vez que golpeaba con esa belleza y ese movimiento perfecto, hasta los flequillos más engominados de los aficionados asistentes parecían removerse.

En definitiva, bravo por Jon Ander, por poder culminar la demostración de toda la pelota que lleva dentro; bravo por Unai por su inteligencia y coraje, por el trabajo en la sombra, por haber formado una pareja prácticamente perfecta durante todo el curso y coronarse con la triple; enorme aplauso para Jokin, bajarse al barro, luchar e ir siempre a contracorriente durante todo el campeonato y la final no tiene que ser fácil para una super estrella como él, por darlo todo hasta el último aliento, bravo; y un aplauso tremendísimo para Joseba, aceptar con humildad y respeto el reto que le propusieron (siendo quién es en este mundo), la forma en la que fue aguantando tantos y golpes a su costado izquierdo, cómo se levantó de cada derrota, solo demuestra, una vez más, la grandeza que ostenta como pelotari.

Todos han honrado a más no poder este precioso deporte, e historias así lo hacen aún más grande.

Por resumir y concretar la final, los primeros tantos fueron una oda al desgaste y la capacidad de sufrimiento, a la resistencia, con peloteos interminables, defensas inhumanas y ataques que se acercaban a la extenuación. El desgaste fue tremendo. Creo recordar que en 25 minutos de juego, andaban por el 6-5 o similar. Un desgaste que a la postre pasó factura, como se podía esperar.

Como hemos citado antes, hasta el nueve iguales, hubo paridad absoluta con intercambios mínimos, llegando a desesperar la defensa de coloraos a la pareja de Baiko. Se sucedía algún remate de ambos delanteros que hacían sumar a sus respectivos casilleros. Durante todo el choque ambas parejas demostraron tener la lección más que aprendida. “A este paso no llegamos ni a la dolorosa” se oía por la grada. La tensión se notaba en la cancha y la emoción era palpable entre la afición reunida.

Al primer descanso llegaron azules con una pequeña ventaja de tres tantos, lo que hacía presagiar que, sino volvían a sumar pronto coloraos, el partido se podía romper. Y así resultó, la igualdad una vez desecha no volvió.

Dominio claro basado en el castigo insistente a Ezkurdia, que al final hacían decantar el tanto de una u otra forma, pero siempre para el mismo lado. Con todo esto, el segundo de los descansos reglamentarios se alcanzó con un esclarecedor 10-18. A la vuelta hubo un atisbo de reacción, lo que podría haber sido y no terminó siendo, que se diluyó con la citada chapa de Altuna; de lo que podía haber sido el 16-19 y una dosis de presión para los favoritos, se pasó al 15-20 y ahí terminó la reacción, el partido y el campeonato.

Los detalles siguen decidiendo partidos, pero la insistencia se llevó el triunfo.

Enhorabuena y gracias a los cuatro.

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